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Orden monástica

Desde el 2 de junio de 1946, el territorio de Seborga es un municipio de la República Italiana y es administrado por su alcalde elegido entre los ciudadanos y residentes de Seborghini.
Algunos de ellos, liderados por el floricultor siberiano Giorgio Carbone, con el fin de restaurar la independencia de Seborga, eligieron indebidamente, en los años 60, a su propio príncipe de Seborga, llamado :Giorgio I.
Esta votación se llevó a cabo en ausencia de un detallado conocimiento histórico y legal.
A la muerte de Giorgio Carbone, Marcello Menegatto fue elegido, sucedido por su ex-esposa, Nina Dobler, a través de su renuncia.
Estas elecciones no tienen ningún fundamento histórico-legal o religioso, por lo que se presume que las autoridades italianas las consideran de naturaleza goliardiana y puramente folclórica.
De hecho, han llamado la atención sobre el pequeño pueblo de Liguria, que se ha convertido en un destino para muchos turistas.
Con el fin de arrojar luz sobre muchas ideas extravagantes para reconstruir el antiguo principado de Seborga, sin ningún título ni base jurídico-histórica, se consideró oportuno llevar a cabo esta relación histórico-jurídica, utilizando fuentes oficiales, textos y reseñas en línea.
En cualquier caso, queremos agradecer al difunto Giorgio Carbone, ya que fue la fuente de inspiración de estos estudios, que fueron escritos por el escritor y terminados el 23 de mayo de 2019.
Como resultado de estas investigaciones, en colaboración con un grupo de investigadores históricos apasionados por la teología, se decidió crear la Orden Monástica de Seborga, dentro de la Iglesia Nacional Católica de Mónaco, en colaboración con la Antigua Iglesia Ortodoxa Oriental Autocéfala Ialiana, con pleno espíritu ecuménico, para reconstruir el antiguo principado de la abadía de Seborga.
El 28 de diciembre de 2019, un presbítero fue elegido como Abad Mitrate de Seborga y se celebró la solemne ceremonia de inauguración.
El objetivo principal de este acontecimiento trascendental era reivindicar la autonomía dentro de la República Italiana, con el fin de promover el desarrollo económico y social y hacer que el primer Estado cisterciense de la humanidad, hoy sin posesión territorial, fuera reconocido en las sedes correspondientes.